Hace más de 10 años el país sufrió uno de los accidentes más graves de la historia de la aviación nacional. El vuelo 3142 de LAPA, de la aerolínea argentina LAPA, se estrelló en el Aeroparque Jorge Newbery de la Ciudad de Buenos Aires el 31 de agosto de 1999 a las 20:54 hora local, cuando despegaba hacia la ciudad de Córdoba.
La aeronave que protagonizó el siniestro era un Boeing 737-204C.
Finalmente la aeronave fue entregada a LAPA el 21 de diciembre de 1996,
quien la operó bajo el registro argentino LV-WRZ. Al momento del
accidente contaba con 67.864 horas de vuelo y 41.851 ciclos de
despegue/aterrizaje.
Muertos en vida
La
tragedia de LAPA es considerada la más grande en la historia de la
aeronavegación Argentina, no sólo porque acabó con la vida de más de
sesenta personas sino porque quienes sobrevivieron y sus familias
quedaron
totalmente devastados a raíz del hecho.
Las
secuelas aún perduran entre aquellos que lograron
sobrevivir tanto física como psicológicamente. Los recuerdos de aquella
noche fatídica vivirán en su momoria hasta el último de sus días.
Falla humana
Lo más dramático del
accidente es que, quienes no consiguieron sobrevivir, podrían estar caminando
entre nosotros en este mismo momento si se hubiesen tomado los recaudos
suficientes y hecho las inversiones necesarias. El accidente fue, sin dudas, una
falla humana envuelta en negocios turbios y presiones a los pilotos.
Un gran desvío
La militarización de las fuerzas aéreas, durante la dictadura de Onganía, no hizo más que desviar los fondos destinados al equipamiento del avión hacia intereses ajenos y 'generar', de algún modo, un accidente.
La tragedia, al cine
La historia fue llevada al cine bajo la dirección de un ex piloto de la
empresa, Enrique Piñeyro, quien denunció las condiciones de los aviones y
advirtió sobre la posibilidad de un accidente. En sus films busca reflejar el
accidente y generar consciencia para que se comprenda que la seguridad es un
bien ciudadano que debe ser respetado.
Un vuelo. Fuego. Vidas perdidas que aún no encuentran justicia. Sea como sea, ya nadie le devuelve la respiración a aquellos que vivieron el trágico accidente de LAPA y sólo una ley rigió y rige: la de la impunidad.